lunes, 28 de septiembre de 2020

 



Don Antonin. Artaud, por supuesto. Dibujo de Man Ray. 

Escribió "El suicidado de la sociedad" entre otros textos, cuando ya su viaje metanoico había cobrado impulso propio, más allá de él, y él ya no tenía el control. Si antes se había sorprendido, y después, alucinado con el desprendimiento de su alma hacia otros mundos, abandonando un pobre cuerpo arrasado por la sociedad (los condicionamientos sociales diría un neurocientista), esta obra es la de un espíritu que ya perdió el control del viaje y se ha vuelto desesperado.

Se suicidó en su última residencia, un manicomio, desde el cual se fugaba cada día para ir a las instalaciones de Radio Francia, en la Torre Eiffel, a declamar sus famosas audiciones con las que pretendía inflamar o criticar al espíritu de la sociedad entera. 

Tuve que revisar su historia, que yacía junto a muchas otras que hay en los avernos de mi memoria, a propósito de una conferencia vía streaming sobre Arte y Terapia que me encomendaron.

Antonin sigue siendo Antonin, en mi memoria y en mi espíritu.

lunes, 5 de octubre de 2015

Santiago.

Ventana de oficina.
De Chirico hubiese hecho de esto una fuga hacia la geometría.
Yo solo veo el cielo mortecino en un atardecer de Santiago de Nueva Extremadura.

Jean-Luis Lemoyne, molde para una compañera de Diana. Museo Nacional de Washington.

El calor me hace dormir muy mal. Me ducho antes de acostarme con agua heladísima, duermo sin cobertores, dejo la ventana abierta... no hay caso. Anoche desperté como a las 2 y me dormé como a las 6.
Pero todo tiene su lado opuesto. Anoche, salida de entre una masa de imágenes descargadas de la memoria, recordé esta resplandeciente escultura. Es de una compañera de Diana, quien está juntando a su corte antes de salir de cacería. Sus compañeras han de ser dóciles y sonrientes para que se encuentre placer en su compañía. Esta es un poco seria y parece perder su mirada en lontananza, como si tratase de capturar a la melancolía. Quizás sea la que dice frases profundas antes de que los cazadores, tipos fuertes y nada de delicados, se zambullan en las cráteras tratando de zamparse el vino incluso hasta por las orejas.
Hice el ensayo de recordar cada uno de sus detalles. El logradísimo pedestal, cargado de hasta casi la fanfarronería. Los pliegues de la piel. La espejeante luminosidad del mármol.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Quizás el designio más relevante que dejó Madiba sea el mismo que hace 2000 años dejó otro iluminado, Khristos. Ambos hicieron de su vida un triunfo de las fuerzas de la vida, en contraposición al triunfo de las fuerzas de la muerte o la destrucción. Ambos aceptaron con paciencia la lluvia de tiniebla que desató sobre ellos el poder, ambos pensaron a la especie en un horizonte de luz, ambos, y quizás también Ghandi, cristalizaron sus visiones en una palabra, Amor, e intentaron vivir en el ámbito que emerge desde esa palabra. 
Jaspers pensó que hubo una época, el tiempo eje la llamó, donde aparecieron los iluminados, Cristo, Confucio, Buda, y pensó que ese tiempo eje no se volvería a repetir. Mandela es una muestra más de que no es así. Tal como cada cierto tiempo la especie da origen a los Hitler, los Stalin y los Pinochet, cada cierto tiempo también da lugar a los Mandela, los Blest y los Ghandi. La Humanidad es una larga secuencia de apariciones de las dos fuerzas que están en la base del movimiento del universo, las fuerzas de organificación y las de disolución, que malamente se han llamado del Bien y del Mal. Son las fuerzas que se integran en el movimiento del cosmos. Salve Mandela, un hito en la larga cadena de los seres de la especie humana colmados de la hermosa fuerza de la organificación.

jueves, 24 de octubre de 2013

En realidad lo que está pasando es que la "actividad personal" ("pensamientos", ideas generales, eventos) ha migrado hacia facebook, y las ocurrencias o intentos de genialidad hacia twitter, por lo cual se ha abierto un nuevo formato para los blog, que es el del pensamiento en profundidad, es decir, desarrollado, idealmente objetivo, y como no es tan necesario el rigor metodológico, con importante aporte de la intuición.
Vale. Nos acoplaremos a eso.
De todos modos, salud a los viejos amigos, si es que aún existen.

viernes, 7 de diciembre de 2012



Tu dices
"Soy una sombra
un susurro en el vacío
hablo para los Elegidos:
mi hijo, Salomón,
Albert, Mohammed, Pablo
las Ménadas
Gea".

Trato de oír
en la sombra
y solo veo
luz.

jueves, 18 de octubre de 2012


Hace 5 años esta misma señorita, exactamente la misma, mientras yo estaba sentado en esa misma plataforma, en el Palacio de Belvedere, en Viena, llegó volando silenciosamente y se me puso detrás. Esta vez, ayer, hizo lo mismo. Ahora me susurró "Eso que llamas tiempo, no pasa en vano".

Antecedentes: reporte de Mahiakeff, 24 de Enero de 2008.

sábado, 18 de agosto de 2012

Señora camino entre tus despojos rutilantes camino por la selva de tus desacatos Mastodonte soy de tus sueños mastodonte premonitorio y abyecto El frufrú de mi piel raspándose contra la foresta mientras camino en pos de tus recuerdos Digo “Detengámonos aquí” pero pareces no escucharme Cementerio de sueños y recuerdos en una curva de la foresta Mastodonte azul Nube azul Regreso azul Señora pido un ron azucarado para hacer un brindis misterioso por la foresta que hay en tus sueños por los recovecos de tu corazón por la frente perlada de antiguos sudores cuyo origen no puedo conocer ni siquiera yo que estoy sumergido en tus entrañas Mastodonte trigonométrico sigo las reglas de composición de la rompiente y las blancas olas sigo la lógica de la prosodia del negro ponto de las cóncavas naves de los rosáceos dedos de la Aurora persiguiendo el fondo abisal de tus recuerdos En una esquina parece haber un hombre viejo parado apoyado en un bastón debajo tiene una carátula Dice Padre Mas allá otra carátula Madre Hay una callejón lleno de carátulas en ninguna aparece mi nombre Canto como las ballenas bordeando el fondo abisal de tus recuerdos soy el canto de tu corazón a pesar de no existir en ninguna carátula ¿Cómo es el esfuerzo de las compañías españolas que buscaban El Dorado? Trágico contesta una voz profunda una voz de mastodonte ¿Con cuántas estalactitas se configura un recuerdo? Un sinfín de estalactitas y estalagmitas bordean un larguísimo camino de carátulas El viento las hace ondear ¿Cuántas gallardas fragatas se han hundido aquí? “Ninguna era gallarda” dice otra voz profunda debajo de la cual está la carátula Madre “Desposeída desposeída” canta un coro Me levanto como una nube azul me revuelvo en los meandros de tu corazón a pesar de que no existo ni como voz ni como carátula Señora de todos modos soy un mastodonte dueño de tus despojos de cebra moribunda Miro las colinas Hay unos rosáceos dedos asomando por detrás Señora es hora de despertar “No” me dices “Nunca es hora de despertar”.







Estocolmo.

jueves, 2 de agosto de 2012

Despoblamiento. Los generales blog están en desaparición y los sueños de todos los poetas huyen por la puerta delantera en dirección a los Infiernos. Los hermosos señores y magas que hacían un mundo están en el malecón organizando la estiba de sus gallardas fragatas para partir en dirección a sus sueños, esta vez establecidos en las buhardillas. La nubes cruzan lentamente con bordes grisáceos. Los señores y magas sonríen y se miran con los ojos relumbrantes cuando se cruzan, respondiendo a una historia bellísima que se ha compartido y que está comenzando a desaparecer. Los señores blog, las magas blog, las buhardillas, las nubes, están enfilando en derechura hacia el horizonte, igual como podrían haber hecho los mayas o los atlantes.
Salud por un hermoso universo que gallardamente se hunde.

martes, 10 de julio de 2012

Me da la mano. 
- Hola - digo. 
- Hola - dice.
Después de un rato de silencio mirando los edificios, me pregunta:
- ¿Es verdad que deseas quedarte con el animal?
- Sí -digo secamente.
- Mhh - dice. Y se queda pensando.
Luego de otro rato, me dice:
- Creo que podrás cuidarlo bien.
- Eso espero - digo. El perro me olisquea las piernas con curiosidad.
- Creo que debo decirte algo - dice.
- ¿Qué será? - pregunto.
- Este perro se mete en los sueños - dice.
Lo miro de reojo con cuidado. Parece un tipo sensato. Pero quien sabe.
- Me ha pasado lo mismo con otros animales - digo.
Se ríe.
- A mí también - dice.
Me pasa la correa del perro, le acaricia rudamente la cabeza y luego se vuelve a mirarme.
- Cúidalo - dice.
- Seguro - digo.
Cuando va algo lejos, se vuelve y se despide con un ademán alegre. El perro lo mira con atención pero no hace amago de seguirlo. Cuando yo echo a andar, mansamente camina a mi lado.
Es cierto. Tiene el aspecto de esos perros que se meten en los sueños.

lunes, 30 de abril de 2012

Digamos que no son los mejores dias para los blogs ni para sus autores. Siguen escapando hacia espacios más efímeros y menos comprometidos, como facebook o twitter, aquellos que alguna vez sintieron la necesidad de escribir acerca de lo que les pasaba o de lo que veían, agregando una reflexión de por medio. Facebook y twitter funcionan como reflejos o eructos. Los blog apelan - o apelaban - al centro del alma, más allá de los reflejos de quienes escribían. Recuerdo notables textos, algunos francamente memorables y antológicos, que no tienen ni tendrían cabida en la cultura de los reflejos. Vengo aquí hoy porque extraño esa febril actividad del pensamiento que llegó alguna vez a constituir la masa de blogs que pendía por encima de nuestras cabezas, en la nube blanca de la red.
Me sacudo algunos recuerdos y unas cuantas nostalgias. No es tiempo para faenar ese tipo de material por ahora. Cuando algo que vale la pena se está hundiendo, lo único que cabe es mantener la dignidad y hacer como que ni el tiempo ni nada pudiese llagarnos. Enhorabuena. Me pongo en la larga fila de espectros de blogueros que enfilan hacia el horizonte. Echo en el bolsillo trasero del pantalón una petaca con algo espirituoso. Compañeros blogueros, suerte en la eternidad.





miércoles, 29 de febrero de 2012

miércoles, 11 de enero de 2012

En verdad a veces me cansa Igor. Tiene períodos buenos en los que trabaja a cabeza gacha, sin decaer, con la mensedumbre de los mujik, dócil e incansable, pero tiene otros en los que le vuelve la melancolía y cumple a media máquina con sus ocupaciones, anda perdido y con cierta frecuencia toma alcohol en exceso. Ahora está pasando por uno de esos períodos. Ha perdido varios trabajoa, a pesar de que le tienen estima, por la malhadada melancolía. En Moscú apenas se le notaba, entre otras cosas porque hay mucha gente así en la calle, pero aquí, donde todos esperan que éste sea el día de su existencia, los 15 minutos de Warhol y esa macana, se nota mucho más la melancolía por el contraste.
Paso cada noche a saludarlo, más bien a asegurarme de que ha vuelto a su covacha y de que sigue vivo, a darle algo de sopa caliente y a arroparlo, perdido como está en los vapores del vodka. Parece que una vez más le han despedido, cosa que no le importa en lo más mínimo. Tendido en el camastro, inconsciente, tiene sobre los párpados la misma curva que cuando sonríe. Farfulla cosas sobre la Catedral de San Esteban, de la que ha sido devoto alguna vez, y sobre la nieve rutilante de las riberas del Volga. La misma escena, las mismas murmuraciones cada noche, el camastro, su soledad.
Los ataques de melancolía parecen dulces a veces, pero tienen la fuerza de un tsunami. He conocido varios espíritus dignos y gallardos sucumbir ante la dulce ferocidad de la melancolía. Los médicos de la Grecia clásica decían que estos ataques sobrevenían porque se humedecía la bilis y se volvía negra. Los psicoanalistas dijeron, veinticuatro siglos después, que en la pérdida no elaborada se encontraba el orígen de la melancolía. Los psiquiatras dicen ahora que viene porque se descalibran algunos químicos en el cerebro. Los casos como los de Igor muestran en realidad que los restos maravillosos de lo que ha quedado atrás son los gérmenes de la melancolía, y que aún frente al horizonte más resplandeciente, aquello de uno que se ha quedado enredado en los recodos del pasado se niega a morir.
Cada noche, al salir a la calle después de alimentar y arropar a Igor pienso en ello. Las nieves en las riberas del Volga a mí me parecen más rutilantes que las que he visto en otras partes, pero es muy probable que objetivamente no sea así. Los espíritus como el mío pueden olvidar con facilidad porque nunca han tenido hogar, pero Igor tenía un bello hogar y por eso ahora por épocas sobre su alma pasan los tsunamis de la melancolía.
La Alameda después de las 11 de la noche, a la altura de la Plaza Italia es un verdadero zoológico. Se puede comer barato y agradablemente si uno no es demasiado quisquilloso. Pasa gente de todo tipo. Casi ningún verdadero melancólico. Sergio, uno de la oficina que opina sobre cualquier cosa que se le cruce, dice que los chilenos han cambiado, que antes las calles estaban llenas de melancólicos y que ahora son raros. Yo pienso en Igor mientras camino por la Alameda, en su hogar, en los recodos de su pasado y en los tsunamis de la melancolía.

martes, 13 de diciembre de 2011

I

- ¿Alcanzaste a conocer las murallas? Me han dicho que son muy interesantes.
Titubeó por un segundo antes de contestar.
- Si. Están algo derruidas, pero son interesantes. Caminé varias veces por ahí.
El hombre al otro lado de la línea rió suavemente.
- Espero conocer Carcassone alguna vez. Te llamo el 19 a las 15. Cúidate – dijo, y colgó.

Villa también colgó. Se acercó a la ventana, cruzó los brazos y se quedó mirando el largo atardecer por un par de horas. Luego, pensativo, volvió a su rutina de cada noche. Se calzó unas zapatillas, una polera ancha sin mangas, un pantalón de buzo y salió a caminar a paso tranquilo. La rutina estaba destinada a mantener el físico y la cumplía tan meticulosamente como todas sus actividades. Caminó hasta la medianoche por las calles vacías, y cuando volvió, se dio una larga ducha tibia. Después se metió en la cama y le costó dormirse. No recordaba haber mencionado Carcassone la última vez que habló con su contacto. Quizás lo había hecho sin darse cuenta o quizás fuese posible que no recordase haberlo hecho. Caviló largas horas hasta que se durmió pesadamente. Cuando despertó ya era casi mediodía, se levantó y preparó café. No tenía hambre. No recordaba haber mencionado Carcassone.

De sus 33 años, llevaba seis escondido y huyendo. No le perdían pisada y debía cambiar de ciudad y de vida cada cierto tiempo. La organización le proveía de fondos y de información por vías separadas. Un contacto le entregaba dinero en un sobre cada tres meses, y en esa misma ocasión le avisaba cuándo y dónde volvería a hacerse la entrega. Nunca había fallado a pesar de que apenas cruzaban palabra. El otro contacto le mantenía informado acerca de su condición legal, de su familia y de cuáles eran las ordenes. Se hablaban por un celular de pago que Villa encendía solo el día y la hora acordada. Hacía bastante tiempo que no se le había asignado misión alguna, lo que Villa interpretaba como una orden de no dejarse atrapar y de arreglárselas con los fondos que le llegaban.

Villa era muy cuidadoso. Tenía por regla no mencionar sus futuros movimientos. Su contacto tampoco preguntaba mucho pero un par de veces Villa mencionó al pasar algo acerca de dónde estaría los próximos meses. La primera vez se sintió intranquilo por el exceso de confianza que podría haber molestado al contacto, pero con el tiempo se habían acostumbrado a hacer un par de bromas, con las cuales las cosas entre ellos adquirieron cierta familiaridad. Villa vivía un tiempo en un lugar, un tiempo en otro, hasta que por precaución o porque aparecían los síntomas de la presencia de sus sabuesos, se cambiaba tratando de no dejar rastro. Cuando eligió Carcassone lo hizo mirando un mapa, buscando un lugar perdido, pero al poco tiempo de estar allí notó que ya estaban sobre él. Una noche, al volver de su caminata, se percató de una atmósfera extraña cerca de la casa. Se escondió en un zaguán cercano por horas desde donde podía divisar la casa hasta que alrededor de las dos de la mañana se prendió la luz de su habitación y un hombre con una pistola en la mano se asomó e hizo vistosas señas hacia la calle. Desde varios lugares aparecieron hombres armados que recorrieron la manzana silenciosamente buscándolo. Logró huir de milagro cuando los sujetos que miraron en el zaguán lo hicieron demasiado rápido y no notaron el bulto acurrucado debajo de los medidores de agua. Cuando se fueron, dejó que llegara la mañana, asaltó a uno de los primeros transeúntes que pasaba, le robó la ropa y el dinero y se encaramó en un bus interurbano que lo llevó lejos de allí.


Tengo que arreglar esto para discutirlo en un rato más con otras personas. Es el inicio de un cuento acerca de un terrorista que descubre que lo están cercando desde dentro de la organización. El ejercicio es "hacer desaparecer al narrador", que no aparezca la persona del narrador y que los hechos ocurran desde sí mismos. No es fácil.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Siento una especie de delgada película entre yo y la realidad. Es como si la realidad pasara en otra parte. No sé si es por la monotonía de la rutina, que quizás vaya carcomiendo algo por dentro, o por cansancio, "burn out" le llaman algunos. En casos así recuerdo una frase de una canción: "creía mi alma inservible pero era cansancio vulgar, nada más".
Miro por la ventana el cielo grisáceo de esta mañana y no siento deseos de salir volando.
Buena Vista Social Club.
Quizás por ahí encuentre algo.

martes, 15 de noviembre de 2011

Apenas camino por la resaca. Creo que en cualquier momento pueden salir violentamente mis tripas por la boca. Tengo un hacha encajada justo en la línea media de la cabeza, y pulsa asquerosamente. Supongo que ha habido mañanas peores, pero no recuerdo cuándo fue la última. Quien lea esto pensará que es ficción o algo por el estilo. No. Es una maldita resaca de un maldito ron envejecido que se cruzó, seguramente bebida de piratas por lo que se ve, nadie más aguantaría semejante porquería. Un loro grazna en mi hombro. La superficie ondula con las livianas olas. Trato de mantener la vertical pero es difícil.
Mañana será otro día.

jueves, 13 de octubre de 2011


Este es el magnífico Rilke. Trece años, vivídos como los de un loco. Se los pasó saltando, cavando, haciendo miles de pillerías a sabiendas de que lo eran, orinandose donde no debía, durmiendo arriba de la cama, en fin: todo lo que no se debe hacer. Y siempre con un aire como de quien está preocupado tan solo de estar en el minuto, buscando dónde va la cresta de la ola para no perdérsela. El Rilke. Nombre de poeta. "De médico, poeta y loco todos tenemos un poco". El Rilke nunca se enteró de la parte del médico.
Ahora envejeció. Apenas come (cosa extremadamente rara: era capaz de comer lo que fuera en cantidades astronómicas...), está flaco, ya no levanta la mitad trasera del cuerpo, no controla esfínteres... viejo. Mis hijos dicen que lo más humano ahora es ahorrarle el sufrimiento.
Me cuesta pensar en eso. Estuvo cuando las cosas iban mal, cuando él puso una nota de liviandad que fue milagrosa. La lengua colgando jadeante para pedir una caricia, millones de veces. Huídas a perderse, con nosotros detrás llenándolo de imprecaciones. Una vez se extravió en Chiloé y lo encontramos unas lomas más allá, debajo de la cama de un hombre que, sonriendo, decía que no quería salir de debajo de la cama y por eso no lo había ido a dejar.
Rilke. La Muerte, la segadora, la maldita. Campos de oropel por los que ha paseado el Rilke. Nubes añil que se ensombrecen. El salto al vacío. La segadora que algún día tendrá su propia muerte.
He pedido que le corten un mechón. Quedará en el velador para siempre.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Me paso una semana en Baires. Hago de cicerone para mis padres, quienes no habían estado jamás en la resplandeciente Baires.
Los taxistas nos han dado opinión tras opinión, más eruditas algunas, más intuitivas otras, todas agudas y reflexionadas, de esas que se forjan conversando un mate o algo por el estilo. Buenos conversadores, simpáticos y divertidos, los porteños aman su ciudad y su modo de vida. Paseo por Florencia, La Boca, almuerzo en Puerto Madero, oigo el vocinglerío de los cafés (no pude entrar al Tortoni...), hago el tour del Colón... Es entretenida la bella Buenos Aires, una señorona aristocrática que se emperifolla de cuando en vez y vuelve a brillar.
Mi padre hace una observación: dice que, al revés de lo que pasa en Chile, donde la gente va preocupada y con el ceño fruncido, con una mezcla de agobio y desagrado, los bonaerenses se ven también preocupados por algo, orientados a alguna tarea, pero relajados, como quien disfruta el recorrido de lo que va haciendo. Buenos Aires tiene eso, un buen aire para el espíritu, en todo tiempo. Se puede pensar y reír, se puede llorar, recordar, se puede alucinar si fuese necesario, todo va bien, a la regia y distendida manera de Buenos Aires.
Siempre estaré volviendo. Y de vez en cuando beberé algún trago a su salud. Novelistas, soñadores, locos empedernidos, tangueros, milongueros, vagabundos, todo eso es Buenos Aires, mi Buenos Aires querido como reza la canción. La próxima, eso sí, entro al Tortoni como sea.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Voces por todas partes, gente que habla por teléfono en voz alta, gente que conversa, altavoces anunciando la salida o la llegada de aviones, tintinear de vasos y tazas, la voz en los televisores, varios, alrededor. Aeropuerto del DF, México, con los cálidos y educados mexicanos dando vueltas como hormiguero por todas partes.

Lo mismo pasa dentro de mi cabeza: voces por todas partes. Del pasado, del futuro, de los altavoces, de los amigos, una luciente constelación de voces que se suceden y se superponen unas sobre otras, respecto de las cuales apenas puedo comportarme como una especie de observador sin ningún control sobre lo que está aconteciendo. Trato de entender de qué se trata. Descarto la psicosis, descarto el desplome de la mente, la amencia, descarto la suspensión o congelamiento del espíritu, descarto la desaparición de la voluntad.

El enjambre de voces no me deja esbozar seriamente hipótesis alguna. Sacudo la cabeza a ver si se ordena un poco. Es extraño: una lejana sensación de alborozo tiembla lejos en el fondo de las entrañas. ¿Qué será todo esto? Vayase a saber. Lo que sea, bienvenido. No es la primera vez. Tres tipos sentados a mi lado, mexicanotes todos, hablan a gritos por sus teléfonos celulares y el asunto ya no tiene vuelta, por ahora al menos. Me levanto y me sirvo un café. Voces de todos los calibres y orígenes inundan el escenario exterior y el interior. A ratos se confunden. Descarto la psicosis y todo lo demás, y sorbo el café con detención mientras mis ojos pasean por el espacio enteramente al azar.