lunes, 18 de enero de 2010

Exhausto.
Los atardeceres son plomos, sobrevivientes. Ápices de fuerza sostienen el cuerpo, convertido en una especie de sombra.
Entretanto, leo. Mishima: "un muro de sombras..." entre otras exquisitas frases. Bloom: "las doce caras de Dios...". Sartre: "la náusea ha vuelto a invadirme".
Vienen los Cranberries en Enero. Cuando fuí a ver a la O'Riordan aluciné con su voz celta. A la espera y pidiendo pista una docena de libros que me apetecen. Mi cuerpo necesita sol para hacer huír a las sombras y convocar a cierto guerrero que duerme. A veces necesito ver al Rilke, mi perro que se quedó ciego, como Argos, el perro de Ulises.
Desfallezco. Ulises. Un muro de sombras. Imprescindible comprar las entradas para ver a los Cranb. Náusea. Espero despertar.

lunes, 4 de enero de 2010

A todos
quienes han pasado por aquí
mi agradecimiento mas sentido
y mis deseos de que el 2010
les traiga
felicidad
prosperidad
la serenidad de los sabios
y crepúsculos
miles de crepúsculos
azules y anaranjados
para su hermosísima
y única
alma.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Regalos. De todos los tipos y fórmulas. Traen un significado de cariño y amistad, o de amor simple y directo. Acompañados de dulces palabras, como son las que pronuncian los amigos, según decían los griegos. Principalmente libros y trago. Exquisitos vinos, whisky (¡un blue label!!!... casi se me entra el habla...), por ahí otros espirituosos precisos y delicados.
Y libros. Una antología de Oscar Hahn, maravillosa. Para leer frente a alguna playa perdida, con solo el océano y el Altísimo por delante. El Cantar de los Cantares, el canto de amor mas bello jamás escrito. Ojos Azules, de Perez Reverte, mi autor de aventuras favorito, para hacer feliz a mi espíritu lleno de cabriolas. Cuentos Naturales y Sobrenaturales de Carlos Fuentes. El mal de Montano, de Vila-Matas. Quien me lo hizo llegar dice que yo tengo esa enfermedad. Lo peor es que es cierto. La enfermedad de la literatura. Un libro de recetas de cocina, por mis inefables y maravillosos hijos. Viene total. Y uno que me regalé yo: El marino que perdió la gracia del mar, del magnífico Mishima.
El Marino... lo presté hace unos 18 años atrás y no lo volví a ver. Me abrió al mundo de Yukio Mishima, que era un samurai. Vivía como escritor, hizo la vida como escritor pero en el fondo era un samurai. Sentía como samurai y cuando su último acto en la vida fracasó, la toma del cuartel general de las fuerzas armadas niponas, se hizo el harakiri ritual. Su vida tenía un sentido mas allá de este mundo, basado en el honor y la pureza. Leí a Mishima por años, libro tras libro, tratando de oler la pureza inmaculada de la que hablaba. Por ahí expuse un trabajo sobre el sentido de la existencia asentado sobre la idea de pureza espiritual de Mishima. En fin. La estela de un samurai. El día de Navidad ví el libro en un anaquel y no lo dejé ir. He vuelto a ojearlo (sin h...) y no solo ha vuelto la estela sino también otra estela, la mía de hace 18 años. Ha sido un buen sorbo, un poco difícil de digerir.
Libros. Desde que era niño quienes me conocían sabían que era el mejor regalo. Ahora se ha agregado el trago. Ambos de esencias espirituosas. ¿Quedará alguna estela de uno? ¿Quedará algo más que el recuerdo? Vayase a saber. Quizás lo único que quede para siempre sea la visión de una playa frente a la cual se pueda sentir el soplo del altísimo, para lo cual es necesario el vino cantado en el Rubaiyyat.
Regalos, estelas... bien comienza el 2010.

martes, 1 de diciembre de 2009


Hace tiempo que no venía. Demasiada vida, demasiado tráfago, demasiada existencia o inexistencia, vayase a saber. El caso es que no había venido y no puedo dar cuenta exactamente de por qué.
Recorro blogs amigos. Por ahí alguien dice que está comenzando la muerte de los blog. Mas allá de si es o no cierto, siento que me apenaría dejar de saber de algunas personas y personajes que se han ido haciendo estimados y acaso queridos. Personas y personajes que me han dejado pensando en que a través de este medio se puede entrever algo que no se podría pispar en el día a día y que vale la pena conocer. Algo respecto de la verdera esencia de los demás, de cada uno en particular.
Por un rato miro mis notas pasadas y me sorprende cuán rapidamente se han ido los yo que era en ese rato y cuán lejos de esos yo están los yo que soy ahora. Mucha agua debajo de los puentes, quizás terribles cataratas. De todos modos hay algo que no varía y que parece ser esa borra que soy verdaderamente yo, y que es semejante a la que puedo entrever en los blog de quienes visito regularmente. Me he quedado con algunos, entre muchos que son espectaculares. ¿Por qué? No lo sé. Por qué esos y no otros, no lo sé. Supongo que tiene algo que ver con los invariantes y la borra de los otros y la mía, que algo deben tener de mutua admiración, o sincronía, u orientación, de nuevo vaya uno a saber.
Una foto para dejar de ser un personaje y ser una persona. Ahora que están desapareciendo los blog y en adelante seguiré notificando al aire o al éter acerca de mis delirios y fantasías, supongo que no serán necesarios los personajes. Quizás alguien requiera ser un personaje ante sí mismo. No sé. Conozco gente así y son tan buenos como los mejores, aunque me cueste entenderlos. Me tomé la foto en Florencia antes de entrar a dar una conferencia a la que no asistió nadie porque era en el último horario del Sábado en la tarde, y no quedaba nadie en el Congreso, y los que quedaban no estaban ni ahí con ningún congreso, solo querían respirar Florencia. Ni siquiera llegaron los otros dos conferencistas. Esperé un rato y me fuí a caminar solo a sentir Florencia. Esa noche oí en la Piazza Vecchia a un bardo que cantaba Simon & Garfunkel a todo pulmón mientras el cielo estaba negro. Ahora que mueren los blog y el cielo se pone negro, supongo que quedarán bardos que canten en sus abandonados blog esperando que su voz sea oída nada más que por el aire y el éter, sin necesitar ser un personaje ante sí mismo. No me los voy a perder. Por ningún motivo me los voy a perder.


martes, 27 de octubre de 2009


Sigo pegado con la reflexión acerca de los santos de las culturas occidentales y árabes, a propósito de la visita que hice en Estambul a la tumba de Mehmet el Conquistador. Los santos occidentales redimen, sufren un martirio que es una expiación para el resto de la humanidad. Los santos musulmanes son feroces y resplandecientes guerreros que conducen a las masas hacia el cielo, a punta de espada y corazón. La madre y el padre. Eros y Tánatos buscando entrar en la eternidad.

La escena es en las afueras de una mezquita, en el mes de Ramadán. Se come y se está con los amigos disfrutando de la compañía y de la existencia entera. Quizás en un rato más pase Mehmet sonriendo y recibiendo los saludos y las flores que lancen las huríes antes de partir a convertir infieles. Se está muy a gusto ahí. Mehmet es un tipo bajito y jugoso al cual le gusta sonreír. Comió algo de kebab y tomó té, cosa que varios imitamos. Mi viejo es un tipo bajito y divertido que tiene su genio y sabe hacer reír. Mi vieja es un encanto. Tal vez por eso sea que me ha llamado tanto la atención la exquisita vibra que se arman los árabes en Ramadán, mezcla del mas puro cielo con las hojas del té, mientras en manada toman camino alborozado y feliz hacia ese Camarada que llaman el Altísimo.


martes, 6 de octubre de 2009

Estambul. Esta imágen al atardecer, con los rayos dorados del sol al fondo recortando los minaretes de la mezquita de Solimán, es tan magnífica como el mismísimo sultán. En las afueras de la mezquita una mujer vieja vendía alimento para las palomas, y si uno dejaba caer las migajas alrededor, las palomas se arremolinaban en torno. Algo más allá está la entrada al Bazar de las Especias, un lugar en el que los olores y los gustos son como un ventarrón de primavera. Y al frente, el Bósforo, el paso de mar que conecta el Egeo con el Mar de Mármara.
Quizás lo mejor haya sido ver a los derviches bailar su extasiante danza al son de una música hipnótica. Giran y giran y algo empieza a decantar. Giran como si con eso fuesen a entrar en el cielo. Es posible que de tanto girar hayan dejado en Estambul, esa bella mujer anciana y delicada, el tono de eternidad que se siente bajo los minaretes y en Santa Sofía, la rutilante basílica de los bizantinos.

jueves, 10 de septiembre de 2009


El Encelado. Jardines de Versalles.
En los jardines de Versalles está la fuente de la foto. Es un ser que, desgarrado, trata de liberarse del abrazo de la Tierra. Por largo tiempo me intrigó la imágen y el personaje, y me dediqué a perseguir su historia hasta que supe de quién se trataba. Está mencionado en La Eneida. Se trata del Encelado, uno de los Titanes que lucharon con Zeus.
La Tierra tuvo algunos hijos, los Titanes, Prometeo entre ellos, que le robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, por lo cual tuvo que pagar eterna culpa encadenado a una cima donde noche a noche baja un águila a comerle las entrañas. Era tal su amor por la humanidad que, a sabiendas del castigo, de todos modos robó el fuego.
Otro Titán era el Encelado. Los Titanes, hijos de la Tierra, lucharon con Zeus, el padre de los dioses, por el control del universo. Como fueron derrotados, sufrieron diversas penas. El Encelado fue enterrado en las entrañas de la tierra, en Italia, bajo el Etna. Cuando el Etna entra en erupción es porque el Encelado está bramando y pugna por salir.
Me intrigaba no solo la mitología y la historia. Me intrigaba la imágen. Le intrigaba mas bien a mi inconsciente. De cierta manera, me dedico a observar las erupciones de los Etna y a olisquear qué Encelado es el que busca abrirse paso. A veces se puede y a veces no. Me he ido familiarizando con los vapores sulfúricos con el paso del tiempo y ya no me asustan. Todo eso es lo que se me agolpó en la mente cuando tomé la foto del Encelado. Por alguna rendija de mi inconsciencia, el homenaje a mucha gente valiente que he conocido enfrentandose a si misma se asomó. Esa noche me fui a un bar franchute y empiné el codo un poquito mas de la cuenta. E hice un brindis en la noche por todos los hermosísimos Encelados y Prometeos que me ha tocado en suerte conocer.