martes, 31 de mayo de 2011

Rien.
Luis XIV.
Smog.
Sinsentido blasfema orden malatesta tristeza agobio trasplante comercio decidido plancton.
Un gran pez se pierde en la negrura de los sueños.
Baba.
Mahiakeff.
Perplejidad.
Un dia de estos voy a poder vomitar. Me voy a quedar sin tripas.
Puajj.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El primer moai lo hizo Kave Heki. Cuando el padre de Kave Heki murió, comenzó a visitarle en los sueños. Kave Heki quedó envuelto en los sueños en los que venía su padre, y le costaba desprenderse de ellos para permanecer en la realidad.
En ese ánimo, un día Kave Heki vió una piedra entre las demás piedras y sintió de pronto la intensa necesidad de esculpirla. Lo hizo, con suma devoción. Cuando terminó la escultura, ordenó al espíritu de su padre que entrara en la escultura, y desde entonces su padre no se le apareció mas en los sueños.
Los moai han sido datados con carbono 14. Este, de la imágen, parece ser el mas antiguo. Es de aproximadamente el año 500 DC, y se llama Moai Tuturi, arrodillado. Es muy distinto a los últimos moai que se hicieron, hacia 1500, estilizados, largos y rectilíneos. El moai Tuturi se parece a las estatuillas polinésicas que semejan sacerdotes: es un hombre calvo, gordo, de barba corta y rizada, que está sentado sobre sus rodillas y cuyas extremidades se aprecian perfectamente.
El moai tuturi es polinésico y atestigua que los rapanui vinieron a poblar la isla desde la lejana Polinesia. Durante mil años se hicieron los moai hasta que llegó una época oscura, de guerra y de guerreros, durante la cual los moai fueron derrumbados y no se siguieron haciendo. Con ello, el espíritu de los ancestros también se fue de la isla y el pueblo rapanui quedó abandonado en la superficie del mundo.
Pensé que quizás el moai Tuturi fuese el segundo moai que fue esculpido. El primero lo hizo Kave Heki para albergar el espíritu de su padre. El moai Tuturi es delicioso: un viejo sabio que mira con fruición el cielo. Es imposible saber qué espíritu se esconde en sus entrañas. Sea el que sea, seguramente fue convocado también por el corazón gigantesco de un polinésico de nombre cantarín y ruidoso, un nombre que aún hoy se oye, el nombre del alucinado y soñador Kave Heki.

domingo, 20 de febrero de 2011

Una gota cristalina resbala lentamente por la brillante pared del vaso. La brisa trae el olor de la espuma de la rompiente, salobre y huidizo. Una formación de pelícanos planea con cierta torpeza siguiendo la cambiante línea de las olas, subiendo y bajando en desorden.

El café tiene el agradable gusto amargo que golpea las papilas gustativas y las alerta. Un gato pasea sobre el techo tratando de pasar inadvertido pero las calaminas crujen quedamente. En el Nijo Jo, el castillo medieval de la ciudad de Kyoto, las tablas del piso tienen un mecanismo que las hace crujir ex profeso para escuchar en la noche el ruído de las atacantes silenciosos que buscan introducirse en el palacio. En los árboles los ramajes se mecen con lentitud por el paso de la brisa, y el olor que trae se mezcla con la fragancia de las semillas. El sendero que baja serpenteando por la colina tiene un color intensamente amarillo, iluminado por los rayos del sol de la mañana.

El hombre apura el café y sale en dirección a la playa. Ha visto una vela desplegada gallardamente en el horizonte. Camina con determinación, como si fuese a echarse al agua para nadar hasta el navío mientras la brisa le desordena los bucles que parecieran querer echarse a volar hasta el resplandeciente cielo.

sábado, 5 de febrero de 2011

La Leyenda de Hotu Matu'a.

Hotu Matu'a era el rey de Hiva, una de las islas de la lejana Polinesia. Como esta se empezaba a hundir por efecto de los vientos y las mareas, necesitaba buscar una nueva tierra para su gente. El rey Hotu Matu'a estaba preocupado y miraba continuamente el cielo. Una noche su sirviente Hau Maka soñó con una isla. Soñó su ubicación y su topografía. Soñó las lagunas y los volcanes. Le contó el sueño a su hermano y este le convenció de ir a contárselo a Hotu Matu'a.
Después de escuchar el sueño, Hotu Matu'a subió a su gente en dos inmensas canoas, subió semillas y gallinas, y se echó al mar en busca de la isla soñada por Hau Maka. Envió adelante a 7 exploradores, los que llegaron a la isla, que estaba donde Hau Maka la había soñado, y la exploraron según sus indicaciones. Todo, los lagos, los volcanes, la arena, era tal cual se había mostrado en el sueño de Hau Maka.
Cuando Hotu Matu'a llegó a la isla por el nordeste, la dirección de la Polinesia, desde donde venía, sus exploradores le esperaban en los acantilados en las faldas del volcán Rano Kao. Le pidieron al rey que circundara la isla navegando hasta llegar a una hermosísima playa de arena blanca, altas palmeras y aguas azul turquesa. El rey Hotu Matu'a recaló allí y su gente descendió de las naves.
La isla, la más lejana de todas las islas, en el centro del mar, se llamó Te Pito O Te Henua, el ombligo del mundo. Make Make, el dios del cielo y de la tierra, se la regaló al pueblo Rapa Nui hablándole a través del sueño de Hau Maka. ¿Quién más, sino Make Make, iba a saber de Te Pito O Te Henua? Hotu Matu'a, el rey, responsable del bienestar de su gente, supo oír al dios que hablaba a través de los sueños. Ahora, cada año, el pueblo Rapa Nui celebra la Tapati, la fiesta en que se recuerda que Make Make regaló Te Pito O Te Henua al resplandeciente pueblo Rapa Nui hablandole a través de un sueño.



Los moai de Anakena, la playa en la cual Hotu Matu'a fondeó sus naves y llegó a Te Pito O Te Hanua.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Último día del agotador y brillante 2010. ¿Cómo anduvimos por casa? Seguro que de todo, dulce y agraz, cielos e infiernos, ángeles demoníacos y demonios angelicales, riadas de pequeños detalles y gotas de historia, todo en una mezcla cuyo sabor se podría reconocer apenas.
¿Qué diría Igor? Quizás nada. Estaría embriagado desde hace horas musitando a ratos palabras ininteligibles acerca de la madrecita Rusia. ¿Y mi amigo Mahiakeff? Miraría el cielo que nadie mira y se echaría a andar entre la gente tratando de entender algo. ¿Cubito? Echado sobre las patas traseras ni se enteraría de nada, y tampoco le importaría.
Me echaré un par de tragos encima a ver qué hay. Las personas alrededor son como una garúa que difumina la realidad. El Fernando me decía ayer que tanta cosa no deja vivir, que el mundo verdadero era el de Platón. Deberíamos haber discutido eso algo embgriagados para que el análisis hubiese adquirido cuerpo. La gente perdida busca consejo y guía en vez de buscar dentro de sí. Viniendo al hospital escucho el "Cánon" de Pachelbel y recuerdo la primera vez que lo oí, en las escalinatas de un museo, una orquesta de cámara en el descanso, con amigos que deseaban y dejaban estar solos para encontrarse con Platón. Un rato antes había descubierto ahí, semi escondido, un pequeño cuadro de Blake, que indagó acerca del cielo y el infierno que hay en al fondo de cada ser humano.
Último día de un año brillante y cansador. En Chile hubo un terremoto que mostró que somos porfiados y nos volvemos a levantar, un desastre minero que mostró que nos arreglamos de algún modo, un desastre futbolero que de todos modos apenas mella nuestra esperanza de ser campeones alguna vez. Chilenos. Como la borra del café, siempre quedamos.
Ojalá el 2011 se porte mejor con nosotros y nos deje tranquilos. Para poder crecer.

martes, 14 de diciembre de 2010


Este ciudadano me quedó mirando con cara de pocos amigos, pero era nada más que la cara. Los ojos, reposados y somnolientos, parecían estar en otro mundo. Olvidé su nombre pero debe haberse llamado algo así como "Ramashandran" o "Cubito" o una mezcla de ambas cosas. Se le caía la pelvis como si estuviese ensoñado y despreocupado de este mundo, y como si su única ocupación fuese mirar a los ojos preguntando algo que ni siquiera tenía claro.
Le saludé con cierta pompa. No todos los días se le aparece a uno alguien así. De seguro, dificilmente llegará a ser uno de esos terribles perros que ponen en aprietos a sus dueños y a la legislación. "Ramashandran - Cubito" pasará la vida semi-arrastrando la pelvis y despreocupándose de toda otra cosa que no sea mirar a los ojos a los paseantes. Dichoso él y dichosos quienes le conozcan. Quizás sea una equivocada reencarnación de Ghandi o una vida karmática de algún jefe de campo de concentración. Como sea, "Ramashandran - Cubito" no movió ni siquiera una ceja ante mi pomposo saludo. Después de un rato, arrastró la pelvis hacia otro viandante y yo desaparecí para siempre de su vida, como tantas otras veces.
Me pasé largo rato mirando pájaros a través de la ventana. Nietzche decía que el sol no tendría una verdadera existencia si no hubiese estado él, Zaratustra, para observarlo. Los pájaros no deben haber tenido ni la mas mínima idea de tal cosa. Ni este magnífico ciudadano. Le deseo suerte y al levantarme le sacudo la cabeza suavemente. Quizás haya sonreído. Yo también.

domingo, 21 de noviembre de 2010


En el Museo de Estambul está esta cabeza de Zeus, que proviene de la magnífica Troya, Ilión, la ciudad de Ilio arrasada por los griegos. Homero cantó que la guerra de Troya fue causada por el robo de una mujer, Helena de Esparta, esposa de Menelao, pero en realidad Troya estaba creciendo mucho en esplendor y era la ciudad cúlmine del Asia, magnánima y alta como ninguna polis griega, y esa fue la verdadera razón por la cual los griegos decidieron destruírla. Asi y todo, sus altas torres y murallas resistieron por diez años el asedio de los ejércitos de Agamenón, que eran los ejércitos de Europa. La guerra de Troya fue la guerra entre la Europa bárbara e impía, vanidosa y cruel, y el Asia refinada y respetuosa de la consciencia luminosa del hombre.
Por supuesto esta es una versión antojadiza. No sé si algún estudioso la sostiene pero es la idea que me he venido haciendo a fuerza de darle vueltas al asunto. La sostenía como una idea frágil y delicada, no demasiado convincente, hasta que ví el Museo de Estambul. Tiene una sección troyana. Troya queda en territorio turco, estaba situada a la salida del Estrecho del Bósforo, en una posición muy ventajosa para el comercio pues allí confluyen los mares de Europa y Asia. No pude ir a Troya pero algún día lo haré. La sección troyana tiene entre otras muchas cosas esculturas como ésta, de Zeus, hecha necesariamente por hombres cultos y fuertes, poderosos y sensibles. No he visto entre las muchas esculturas griegas de la época nada que tenga este aire tan profundamente digno y fuerte, lo que me ha hecho pensar que la lucha entre un mundo bárbaro y uno refinado ya tuvo lugar mucho tiempo atrás.
No sé cuánto habrá cambiado el espíritu de Europa y el de Asia en estos milenios. Me da la impresión que, en el fondo de los fondos, no tanto. Esta cabeza de Zeus, hecha por hombres fuertes y sensibles me asentó la idea, que ya no es frágil, de una guerra entre dos mundos contrapuestos en relación al valor que asignaban a la luz de la consciencia, uno impositivo y fundado en la ley de la sujeción, y otro magnífico y magnánimo, como Príamo, el rey de la última Troya, flor de Asia, que se hundió luchando y mirando el cielo.
No deja Homero de traslucir esto. En la última rapsodia de La Ilíada, el cruel e impío Aquiles, el de los pies ligeros, mata a Héctor, domador de caballos, el noble héroe de Troya. Con el Héctor que muere a manos de un muchacho dotado y caprichoso muere por siglos el hombre que cree en el hombre, dejando al ser humano en manos de su propia bestia.
El que vaya a Estambul no deje de ver esta cabeza de Zeus. De seguro le pasará lo que a mí, que no la olvidará jamás. Es Domingo, miro el cielo, veo las escasas nubes arremolinadas en la cumbre de un cerro. Por la tarde visitaré a mis viejos en su casa, quienes me enseñaron sonriendo que a pesar de Aquiles, siempre habrá una historia de Héctor. Por suerte siempre existe gente así.