viernes, 3 de julio de 2009

Termino, una vez más, quizás la octava, "La Ilíada", el canto de los cantos, esta vez en verso, en una cuidada versión mexicana que encontré en la última feria del libro de baires. El cruel Aquiles, acusado de impío, el sensato y poderoso Príamo, Casandra, a quien se le otorgó el don de predecir el futuro y también la maldición de que nadie le creyese, Héctor, bello y tremolante domador de caballos, Briseida, la de hermosas mejillas... resplandecientes seres salidos del mito y que siguen poblando las mentes de miles como yo que pueden verlos aparecer de entre las sombras del tiempo.
En ese espíritu releo a Robert Browning, en una exquisita traduccón del exquisito Armando Roa Vial, hijo de mi homónimo profesor.




Próspice

¿Temer yo a la muerte? Sentir la bruma en la garganta,
la niebla en el rostro,
cuando cae la nieve y las ráfagas anuncian
la cercanía del lugar,
el poder de la noche, la presión de la tormenta
y la presencia del enemigo.
Allí donde el gran miedo se consagra en su forma visible
y el hombre fuerte debe avanzar:
porque el viaje ha concluido y conquistada la meta
las barreras se derrumban,
aun cuando falte todavía un combate para alcanzar el galardón,
la recompensa de todo.
Siempre fui un luchador; por ello... que venga otra batalla,
¡la mejor y la última!
Odiaría que la muerte vendara mis ojos y se mostrara
indulgente
y me diera la bienvenida cautelosamente.
¡No! Dejadme probarla en todo su sabor, como mis camaradas,
los antiguos héroes.
Soportar la arremetida y pagar todas mis culpas
en un minuto de dolor, tinieblas y frío.
Porque lo peor, de un momento a otro, para el valiente se
convierte en lo mejor,
cuando el minuto sombrío termina
y cuando la furia de los elementos y de las voces malignas
enloquecidas
se derrumba y se apaga,
cambiando, transfigurándose en paz brotada del dolor.
Y luego una luz y tu seno,
¡oh alma de mi alma! Te abrazaré de nuevo
y en Dios descansaré.



Tengo un nuevo escritorio que tengo que arreglar. Tiene una vista hermosa, urbana, que sirve de fondo a Homero, Browning, Cortázar, Sartre, todos quienes en estos precisos días también veo salir desde las sombras. Me deseo feliz escritorio nuevo, a pesar de todo. Veo el paisaje y brindo, a pesar de todo. Sin duda, a pesar de todo.

martes, 9 de junio de 2009

Voy por un largo corredor que por rarísima casualidad está desierto. Quizás por qué no hay nadie a esta hora, en la cual normalmente van y vienen decenas de personas. El largo corredor parece una pista para el despegue de pequeños aviones solitarios. Hacia la mitad, una máquina enceradora sin control gira y gira. La encargada se ha ido y por alguna sinrazón la ha abandonado, quizás por unos minutos. La máquina gira lentamente sin parar y es como si estuviese a punto de echar a correr por la pista.
Soy el único testigo de esta escena surrealista. La máquina gira y gira sobre su eje lentamente. De improviso me explotan las ganas de tomar la máquina y perseguir al primero que se aparezca. Perseguirlo hasta que se suba a un árbol o a una muralla. Perseguirlo como si uno tuviera un enjambre de libélulas saliéndole de las manos.
Pero algo me lo impide. Es martes, un martes igual a todos los martes. Y yo voy ataviado como martes, y pienso como martes, y no se me cruza ninguna idea delirante, como suele pasar los martes.
Así es que apenas sonrío, con cierta nostalgia, y me encierro en mi oficina.

miércoles, 3 de junio de 2009

San Francisco, 9 AM. Maratón "Bay to Breakers", desde las riberas de la Bahía de San Francisco hasta las playas del Pacífico, a unos cuantos kilómetros a través de la ciudad. Una verdadera "orgía", en el sentido de "Fiesta en honor a Dionisio o Baco", el dios de la fertilidad y la vida: es una carrera pero cuyo resultado da lo mismo. Lo que importa es el paseo, la celebración, sentir el viento en los oídos. Se puede ir como uno quiera pero lo apropiado es disfrazarse. Como se puede ver mas abajo, lo apropiado es difrazarse, de lo que venga...





Son cientos de miles, y no es exageración. Esta es una vista desde una pasarela. Miles de Bacos en dirección al Pacífico con el corazón al aire. Metido ahí en el medio uno se da cuenta de que no es alborozo ni desenfreno ni una liviana invitación a la alegría. Es una Báquica, una orgía, un rito social en el cual lo que se busca es la comunión con el universo y la existencia. No podría darse en otra parte que en San Francisco.



Me metí al medio por un par de cuadras. Yo iba de vestón y corbata y a nadie le importó. Por un momento fui discípulo de Dionisio. Fue justo y preciso para darle gracias al cosmos, al Camarada, al Altísimo, a la vida, a quien sea, por tanta cosa buena que pasa.
Como cierre, en el avión de vuelta me leí el "Canto a mi Mismo", de Whitman, y encontré un par de versos en los cuales Walt dice que tiene una cita fijada con el Gran Camarada a la cual por ningún motivo desearía faltar. Por supuesto, epígrafe. Y por añadidura, por supuesto, Baco. Por supuesto, San Francisco. Y por supuesto, gracias Gran Camarada por SF y Whitman y la Bay to Breakers.

jueves, 14 de mayo de 2009

De nuevo "Rien". Se repite. "Rien".
Aunque no. Malagradecido con la vida. El sábado, en el Radisson Acqua de Viña (grande...) bajé esto:


Un ópalo transparente
son tus ojos
un líquido luminoso
una miríada de iridiscentes colores
son tus ojos
los ángeles y los demonios
detenidos
son tus ojos


El Camarada se dejó caer un momento y dejó una estela. Sigue sonando en los oídos como caracola. Y sigue y sigue. Sus ojos.

lunes, 20 de abril de 2009

Me han comenzado de nuevo a dar vueltas los faunos. De pronto en la mañana, de sopetón me he encontrado con otra idea referente a ellos. Es esta: se trata de seres solitarios. Viven su vida en medio de manifestaciones de alegría y expansividad, pero a fin de cuentas no son seres para hacer la vida con ellos. Cuando caí en la cuenta de esto, recordé un inmenso fauno de Velazquez en los muros de El Prado, sonriendo pero con una especie de valiente desazón en el fondo de los ojos. Velazquez debe haber sabido de verdad de faunos. Adivinó que estos seres lujuriosos y exultantes, que saltan de fiesta en fiesta y de carnaval en carnaval y que a veces caen sobre la realidad haciendola saltar en pedazos que vuelan hacia el cielo, son, en verdad, grandes solitarios, que en el claro del bosque y a solas le silban a la luna con sus flautas hechas de huesos de carnero.

Estuve en el Prado hace un par de Domingos y no estaba el fauno de don Diego. Debe estar arrumbado en una de las bodegas del Museo Nacional de El Prado esperando alguna ceremonia en celebración de Baco (las "báquicas" u "orgías" del mundo antiguo). Me habría gustado verlo y guiñarle un ojo sin que nadie mas se diese cuenta. Me habría gustado pedirle que me invitase al claro del bosque a oír su magnífica y melancólica flauta con la cual hace languidecer a la hermosa y blanca luna. Me habría gustado que me hubiese convidado algunas gotas del vino con el que los faunos son felices. Pero quizás hubiese sido una impertinencia.

Sigo y seguiré mirando a estos seres hermosos que construyen la felicidad desde la tierna melancolía. Creo que mas de alguno se me ha cruzado en una de esas memorables báquicas y me ha hecho un guiño. En fin, no queda otra. A la salud de los faunos, un brindis por la blanca luna.




Museo D'Orsay, Paris. Un fauno-niño sonríe tal vez ante un espejo.

jueves, 16 de abril de 2009


Faunos bajo la escultura de Poseidón en la Piazza Vecchia de Florencia. Exultantes, briosos, anuncian la fertilidad y el goce a los cuatro vientos. Su desnudez denuncia sus costumbres relajadas de las que se desprende su caracter creador, como el de la"poiesis". He pasado largos años colectando figuras e imágenes de faunos por donde ande. Algún día voy a hacer algo con todo ese material. Me gusta la combinación de sensatez y locura, de perdición y creatividad que suponen. He visto faunos de toda laya, viejos, infantes, alucinados, sabios, y no me dejan de encantar. Estos faunos amigos de Poseidón, en la Piazza Vecchia, me han parecido un poquito relamidos, pero en fin, de todo ha de haber en la viña del Señor. Al lado de ellos pasé un rato inolvidable oyendo a un trovador que cantaba a Simon & Garfunkel mientras mi espíritu tomaba camino de las estrellas. Salud, compañeros faunos, hasta que nos volvamos a encontrar.

jueves, 9 de abril de 2009


Caminando por las calles de la vieja Florencia estaba este "Café de los Artesanos", que de por sí es un encanto. Pero el letrero a la entrada sencillamente me mató.




"A los señores clientes sentados en las proximidades del Café se les solicita respeto por la serenidad pública".

Ya me imagino que clase de clientes tiene el Café de los Artesanos en Florencia. Varios de mis conocidos harían clientela de lujo para semejante lugar. Por ejemplo el Guatón Valenzuela, o el Huaso Alcocer, o Juanito Gómez, los dos últimos ahora entre las estrellas. O el Pablo, o Chánchez, o... en fin, una larga lista de señoritingos que harían palidecer a Sileno, el jefe de los faunos.
Las callejuelas de Florencia son mágicas. De repente sale uno disparado hacia las estrellas. Hay que andar con ojo para no chocarse con el Huaso o con Juanito. El Huaso estaba hospitalizado antes de emprender el último vuelo y exigió que en un guatero la pasaran vino de contrabando. En Florencia podría uno encontrarse con él y no sería sorprendente. Quizás hasta casi sería natural. En fin. Florencia.