viernes, 21 de agosto de 2009

Sweet.

Sweet Melancholia. Sweet que baja por la garganta algunos días de los cuales apenas queda una memoria visceral al cabo. Sweet que se queda pegada en los bordes de la retina y desde ahí se derrama como una suerte de suavísimo tsunami hacia el nervio óptico y por ahí hasta el cerebro dejandolo en estado de anunciación. Sweet Melancholia que trae un rosario de recuerdos que parecían haberse perdido o sencillamente haber desaparecido y que vuelven a causar ese bello dolor nostálgico de la sweet. Y que después hacen que el corazón y el espíritu estén dispuestos a cualquier empresa en la que haya que perder la vida, la fama y hasta a la misma melancholia, aunque no el honor.
Enciendo una lámpara de pie que despide una tenue luz amarillenta y que ha estado ahí por largo tiempo. Es larga y esbelta como una gacela. Tiene una ligera capa de polvo y herrumbre que, si desapareciese, se llevaría la sweet de la lámpara, la cual, a pesar de quedar resplandeciente y desnuda, ya jamás volvería a ser la misma lámpara esbelta como una gacela y que desea desaparecer.

4 comentarios:

Waiting for Godot dijo...

Que escrito mas bonito, transmite mucho sentimiento. Un beso.

difusa dijo...

Esa Sweet Melancholia tan propia del invierno y días grises como el de hoy que invitan a la lectura, buena música, clavos de olor mezclados con canela y buena compañía en silencio.

Pilar "Camino del sur" dijo...

Hermoso tu escrito... me trajo a la memoria el siguiente poema:

"Esta vieja herida que me duele tanto,
me fatiga el alma de un largo ensoñar;
florece en el vicio, solloza en mi canto,
grita en las ciudades, aúlla en el mar.
Siempre va conmigo poniendo un quebranto de noble desdicha sobre mi vagar.
Cuánto más antigua tiene más encanto...
¡Dios quiera que nunca deje de sangrar!
Y como presiento que puede, algún día
secarse ésta fuente de melancolía
y que mi pasado recuerde sin llanto,
por no ser lo mismo que toda la gente,
yo voy defendiendo, románticamente,
esta vieja herida...¡que me duele tanto!...
de Pedro Sienna.

Cariños y un nanay.

chica campos canifru dijo...

sin eso no podríamos darnos cuenta de lo que fuimos, tuvimos, somos, seremos. Pero a la vez es una mierda sentirlo.

Saludos Doc.