martes, 12 de agosto de 2008



La entrada a la casa de Georg Trakl, en Salzburgo, Austria. El viejo zaguán está en admirable estado de conservación. Trakl entraría calladamente como si no hubiese pasado el tiempo, el mismo que ha blanqueado sus huesos y que ha hecho que su poesía ressuene en el interior de millones de almas.

Cuando oí hablar de él me pareció que escribía sobre crepúsculos que estallaban en colores iridiscentes. O sobre seres que entraban en murallones de roca como quien llega a su casa. O sobre cielos que se desploman explotando en fastuosas columnatas amarillas y púrpura. Pero no. Es un poeta callado e intimista. Solo que su intimismo es el de un alucinado.

Y no podía ser de otro modo. Uno sale a la calle en la que está la casa donde creció y, por ejemplo, pocos pasos mas allá hay una plazuela que parece gris pero que tiene unos caballos angustiados huyendo de una fuente, por delante de los portalones de la Catedral. De detalles así está llena Salzburgo. Por eso no podía ser el de Trakl un universo de formas achatadas u opacas, por intimista que fuese su poesía.
Trakl movió a una generación entera de poetas chilenos, lo que es mucho decir. Gente de "La Mandrágora" y de otros talleres encontró su camino siguiendo la lóbrega voz de Trakl. Ahora que el cielo está encapotado y que Santiago está parda y que amenazan algunos goterones, recuerdo la casa de Trakl, el Castillo de Salzburgo, los caballos que piafan huyendo del agua y la voz de Trakl que, como la de muchos poetas, desde el principio de los tiempos, no ha de tener fin.
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3 comentarios:

Sureando dijo...

"Retornas sin cesar, melancolía
oh regalo del alma solitaria...."

caramelo dijo...

no sabía de Trakl, gracias por la presentación, ahora pues, a descubrirlo y a saber que sintió-dijo el hombre que atravesó esa puerta.

Caminodelsur dijo...

Genial el enlace que has realizado, entre la ciudad del poeta, el poeta mismo y sus seguidores.

Me encantó esos caballos que huyen de la fuente.

Saludos.