viernes, 23 de noviembre de 2007

Oyen su voz. Oyen los pasos que se pierden en la hondura de la noche. Oyen los crujidos de sus sueños y el batir de las alas de las luciérnagas. Oyen el parpadeo de sus ojos. Oyen el rozar de los granos de arena, unos contra otros, movidos por el viento. Oyen el crepitar de sus células nerviosas. Oyen los latidos de su corazón escondido en el fondo del pecho. Oyen el silencio de la nieve.
Después rompen en una canción. Una canción de tono agudo que hace tremolar las nubes y vibrar las capas mas altas de la atmósfera. Por eso la canción hace llover, y la lluvia que cae sobre la tierra se reúne y toma la dirección de los mares surcando por los valles y desfiladeros, obsesionada por las profundidades mas abisales. La canción parece perderse en el cosmos y diseminarse por la Vía Láctea entera. Mas allá se pierde.
Antes de perderse aparece en el inconsciente, aparece en los sueños. Allí se condensa y se transforma en voces y sonidos, los que después se convierten en canción, y se repite el ciclo, una y otra vez, como el agua que surca los desfiladeros y hace que se transformen en sueños.

1 comentario:

Pagana dijo...

No podés escribir así y estar tan lejos...